lunes, 30 de enero de 2017

Maldita competición adulterada

Qué impotencia. Qué asco. Asco de este fútbol español en el que todo está adulterado. La propia competición, la información, los árbitros, todo.
Este fin de semana ha sido el último ejemplo, pero hay tantos.
El fútbol español está creado para que siempre gane R. Madrid o Barcelona. El circo mediático que crean estos dos equipos pelando por la liga genera mucho, muchísimo dinero y a los que ganan dinero con este circo no les interesa que nadie se meta entre ellos.
Sólo permiten que coquetee con ellos al At. Madrid, al fin y al cabo, equipo de la capital también y al que pueden sacarle morbo, que se traduce en dinero.
Por eso, cuando un equipo como el Sevilla amenaza con meterse en la pelea, la maquinaria se pone a funcionar y lo eliminan.
El último ejemplo lo tenemos este fin de semana, como he dicho antes. El R. Madrid, tras eliminar precisamente al Sevilla FC de la Copa del Rey con arbitraje deleznable en el partido de ida (unido es verdad a un partido del Sevilla FC) cayó en liga ante el propio Sevilla y ante el Celta en Copa.
La semana ha sido difícil para los madridistas y el fin de semana amenazaba con problemas. El Barcelona, a dos puntos, visitaba a un débil Betis. El Sevilla, a un punto, tenía un partido complicado contra el Espanyol, aunque con la racha de cinco victorias seguidas en liga se les daba como favoritos y el R. Madrid recibía a una R. Sociedad en buen estado de forma. Todo hacía presagiar un posible cambio de líder esta semana y eso es algo que la maquinaria nacionalmadridista no podía permitir.
Primero robaron al Barsa en Sevilla. Es verdad que el Betis jugó un buen partido y que incluso mereció ganar, pero ya sabemos que jugar contra equipos como el Barsa y Madrid implica que aun siendo mejores y mereciendo ganar, pierdas. Y eso es lo que hubiera pasado en el Villamarín si el árbitro no se come un gol clarísimo del Barsa (la pelota entra casi un metro).
Y luego claro, el Sevilla. Minuto 1 de partido. Entrada en el área de un jugador del Espanyol en carrera con la pelota controlada, entre dos defensas del Sevilla. Leve toque de Pareja (le pone la mano en el hombro) y caída del jugador del Espanyol. Penalti que no es y, atención, roja para el jugador del Sevilla FC. De vergüenza. Si este árbitro no se lleva en la nevera lo que queda de temporada es porque en el fútbol español hay todavía menos vergüenza que en el estamento arbirtral.
Y no me refiero tanto al penalti, que no, pero que se puede pitar. Me refiero a la roja. Por Dios. O no se sabe el reglamento o es un sirvergüenza y no sé qué es peor.
El partido al final lo perdimos. El Madrid, jugando con la tranquilidad de los pinchazos de Sevilla y Barsa ganó su partido.
Ésta es la liga que tenemos. Una liga podrida donde los que manejan los hilos hacen ganar o perder a los equipos en función de los intereses que tengan en casa momento.

Pero no sólo la liga está adulterada por esto. También lo está por cosas como la que pasó en la Peña Sevillista 1000 Km. 
Estando de celebranción, aprovechando la visita del Sevilla a Barcelona., niños, mañyores, personas de bien con el único objetivo de disfrutar de su equipo a más de 1000 Km, recibieron la visita de unos 20 encapuchados que se liaron a palos con ellos. Acto deleznable, asqueroso, como lo que son los ultras de lo que sea que hicieron eso.
Peo es que hace un mes, pasó algo parecido en la visita de la Juve a Sevilla, donde unos descerebraos la emprendieron a golpes y cuchilladas contra aficionados italianos que estaban cenando tranquilos en un bar de Sevilla. Y yo, lo condeno de la misma forma. Me da igual quiénes lo hagan y quién reciba. Pero en esta competición adulterada, la acción de Sevilla fue un circo mediático donde se puso a parir a la afición sevillista y a la ciudad, casi. Sin embargo, lo de ayer, habiendo además niños de por medio, prácticamente ningún medio fuera de Sevilla hace eco de lo sucedido.
Este doble rasero, esta vil manera de medir es una forma de adulterar la competición.
Para toda España la afición del Sevilla es peligrosa y por eso nos reciben mal, sin embargo, nada de sabemos de aquéllos que atacaron de forma salvaje y cobarde a nuestros aficionados. Ni nosotros, que sabemos que pasó, ni el resto de España, que probablemente no se haya ni enterado.
Estoy harto del fútbol español. Harto.